jueves, 22 de marzo de 2018

Elementos para el abordaje cristiano (como tema teológico) de la relación domínico haitiana



Una perspectiva consciente pero crítica

Héctor B. Olea C.

Pienso que Mateo 5.9 es un excelente punto de partida para asumir el tema de la relación domínico haitiana como un tema teológico, como un inevitable asunto que debe formar parte de la llamada “voz profética” de la iglesia, en este caso, de las comunidades cristianas y evangélicas.  

Pues bien, Mateo 5.9, como parte del muy conocido “Sermón de la montaña”, nos regala la afirmación de Jesús: “Bienaventurados (dichosos) los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Ahora bien, «los pacificadores», es la traducción de la expresión (frase, sintagma) griega «joi eirenopoiói», que consiste en un participio articular (con artículo) en tiempo presente, voz activa, caso nominativo masculino plural (con valor de un sustantivo), del verbo «eirenopoiéo» (hacer, construir la paz), que significa: constructores de paz, hacedores de paz, personas que luchan por el establecimiento de la paz, y no precisa y curiosamente, personas que oran o rezan por el establecimiento de la paz.

Consecuentemente, me parecen obvias las implicaciones sociales, y sociopolíticas de la frase «joi eirenopoiói» (constructores de paz) en el contexto del “Sermón de la montaña”, y hoy en nuestro contexto histórico, político y sociocultural, para nuestra lectura bíblica contextual, para nuestro desafío hermenéutico.       

En tal sentido, pienso que justa y precisamente asumimos el compromiso de identificarnos como «joi eirenopoiói» (constructores de paz) cuando asumimos abierta, sobria y responsablemente, el tema de la relación domínico haitiana como un inevitable, pertinente y persistente tema teológico.

Entonces, desde nuestro punto de vista, pensamos que el abordaje del tema de la relación domínico haitiana como tema teológico, aunque fuere de manera tentativa o provisional, debe ir en la siguiente línea.

En primer lugar, debe mostrarse comprometido con poner de relieve la llamada soberanía y autodeterminación (conceptos hoy esencialmente relativos) de los pueblos, en igual medida y proporción tanto respecto de República Dominicana, como de Haití.

En segundo lugar, mostrar su compromiso con una migración legal y responsable, tanto respecto de Haití como de República Dominicana. Consecuentemente, el abordaje de la relación domínico haitiana como tema teológico ha de poner de relieve el derecho de cada nación, de toda nación, de tener una política migratoria clara, justa, coherente y consistente, en el contexto de su marco jurídico vigente, y en conformidad a los tratados internacionales de los que ambos países sean signatarios.  

Por supuesto, se espera que tanto República Dominicana como Haití sean consistentes en su política migratoria, de forma que no reciban los nacionales haitianos en República Dominicana, ni los nacionales dominicanos en Haití, un trato vejatorio, ilegal, discriminatorio, precisamente al margen de legislación migratoria vigente, al margen del marco jurídico vigente en ambas naciones.

En tercer lugar, debe exigir que el estado dominicano proteja y garantice los derechos adquiridos de toda persona de nacionalidad haitiana que entre al territorio dominicano de manera legal, cumpliendo con las exigencias formales y legales que tiene el marco jurídico vigente, incluyendo la ley de migración. Por supuesto, lo mismo se le ha de exigir a la República de Haití respecto de los nacionales dominicanos que entren de manera legal al territorio haitiano.

En tal sentido, una postura cristiana responsable debe exigirle al estado dominicano el actuar con diligencia y responsabilidad, sin miramientos, cuando algún sector o persona de la sociedad dominicana pretenda atentar contra cualquier persona de nacionalidad haitiana sólo por el hecho de ser haitiana, al margen de la ley, y violentando sus derechos adquiridos en el contexto del marco  jurídico vigente en la República Dominicana.  

Sin duda, no es posible que se pretenda legitimar que nacionales dominicanos, de manera personal o en especie de turba, pretendan hacer una aplicación particular de la ley frente a nacionales haitianos (legales o no), sólo por el hecho de que en la comisión de un determinado delito se sospeche la participación de una persona de nacionalidad haitiana.

Tampoco es posible pretender legitimar que nacionales dominicanos con competencia legal o no, procuren que algún o todo nacional haitiano debe pagar (ya fuere parte del conflicto o no), debe sufrir al margen de la ley (y en diversas maneras, por supuesto), por el simple hecho de que haya existido un conflicto aislado entre un nacional dominicano y un nacional haitiano.  

Además, en caso de que una persona de nacionalidad haitiana con presencia legal o ilegal en territorio dominicano, que violente alguna ley o disposición vigente en el marco jurídico dominicano, dicha persona merece un juicio legal, justo, sin que se atente contra su integridad física y moral, sin que se actúe al margen del marco jurídico vigente. Evidentemente, no es, pues, una turba de nacionales dominicanos la que debe decidir (y sin consecuencias penales para dicha turba) la penalidad o castigo que se le debe de imponer, en este caso, al nacional haitiano.   

En cuarto lugar, el abordaje de la relación domínico haitiana como tema teológico, debe exigir el compromiso de las autoridades dominicanas, como de toda la población, de darle a los nacionales haitianos en territorio dominicano (legales o no), el mismo trato justo, respetuoso y solidario que deseamos y esperamos que se le brinde a nuestros compatriotas dominicanos (legales o no), en cualquier y toda parte del mundo.

En quinto lugar, ciertamente tiene el estado dominicano (como el estado haitiano) el derecho de repatriar a toda persona que haya entrado de manera ilegal al territorio dominicano; sin embargo, esto no significa que en dicho proceso se justifique el que no se respete la normativa legal al respecto, ni que se violenten ni dejen de garantizarse los derechos fundamentales de la persona de nacionalidad haitiana, como de cualquier otro ser humano.

Por supuesto, las autoridades dominicanas, la población dominicana en general, así como los distintos grupos religiosos, deben estar atentos para que sea la ley, y no el prejuicio histórico y racial el que determine el trato que debe recibir todo nacional haitiano en territorio dominicano.  

En sexto lugar, no es posible ni legítimo que el estado dominicano asuma las consecuencias tristes y lamentables de la inestable y crítica historia democrática del vecino y hermano país Haití; sin embargo, tampoco es imposible que, como en efecto lo hace y ha hecho (de manera formal e informal), la República Dominicana, de manera clara, responsable y en una proporción adecuada, le extienda un brazo solidario y compasivo a la hermana República de Haití.  

El séptimo lugar, el sector religioso de la República Dominicana, como el que propiamente representan las comunidades evangélicas, debe comprometerse a hacer mucho más que sencillamente “orar” o “rezar” por el tema de la relación domínico haitiana. En realidad deben los sectores religiosos nacionales comprometerse a que, como muchos otros temas relevantes, el tema de la relación domínico haitiana tenga una presencia perenne y notoria en el ejercicio de la llamada “voz profética” de la iglesia.   

En octavo lugar, deben comprometerse las comunidades evangélicas a tener una voz activa por la defensa de la garantía de los derechos humanos, de la integridad física, de los derechos adquiridos, de las propiedades adquiridas por personas de nacionalidad haitiana, como del nacional de cualquier otro país, con presencia legal o ilegal en territorio dominicano. 

Además y, en tal sentido, Mateo 7.12 (“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”) nos provee un interesante y valioso referente (el de la reciprocidad), para que nosotros, los dominicanos, le ofrezcamos a los nacionales haitianos, como al nacional de cualquier otro país del mundo, el mismo trato que esperamos que se le dé a nuestros compatriotas dominicanos en todo y cualquier país del mundo.   

En conclusión, este es, pues, mi granito de arena al tema en cuestión. Ojalá muchas otras personas también se animen y se atrevan a plantear y a exponer su contribución de manera sobria, y sin prejuicios; asumiendo el ser “constructores de paz” como un compromiso ineludible, en el marco del testimonio cristiano, como parte de la ética social cristiana. Después de todo, no habrá paz social, sin justicia social, así de sencillo.

Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. 2Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. 3¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. 4He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. 5¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?6¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 8Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. 9Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; 10y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. 11Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. 12Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar” (Isaías 58.1-12).



martes, 20 de marzo de 2018

¿Es el Nuevo Testamento un cuerpo literario judío?



Algunas observaciones pertinentes

Héctor B. Olea C.

Las personas que vana y erróneamente quieren insistir en que: 1) el Cristianismo no es una religión gentil (sino hebrea en algún sentido); 2) que el Nuevo Testamento no tuvo como idioma original el griego (sino el hebreo o arameo); 3) y que éste (el Nuevo Testamento) debe entenderse en clave judía, y que, por lo tanto, hay que volver a las raíces hebreas de la fe cristiana; no deberían perder de vista el que de manera deliberada y consciente, el cristianismo, la fe cristiana, toma distancia de la fe judía en cuatro aspectos vitales de la misma, y con la presunción además, de ser la legítima continuación, incluso superación y el ideal e indiscutible reemplazo de la fe y esperanza judía. 

Consecuentemente, la fe cristiana reniega y toma distancia de la fe judía, en primer lugar, en la manera en que de forma deliberada y consciente el Nuevo Testamento evitó hacer suyo el «Shemá‛» (Deuteronomio 6.4; Marcos 12.29, 32; Mateo 23.9), pues dicho lema pone bajo serio cuestionamiento la concepción cristiana de la deidad como una trinidad, ya sea en forma modalista, ya en forma ontológica. De hecho, en el Nuevo Testamento mismo sólo la figura de Jesús (que por cierto no fue cristiano) puso en sus labios y de relieve el papel, vigencia y continuidad del «Shemá‛» en el marco de la fe judía.   

En segundo lugar, cuando de manera deliberada y sin remordimiento alguno desechó y sigue desechando la circuncisión como señal del pacto de Dios (YHVH) con Abraham, a pesar de los cristianos considerarse por igual (como y junto a los judíos) herederos legítimos de Abraham (compárese Génesis 17.10-14; 21.4; Hechos 9.8 con la forma en que por lo general el Nuevo Testamento abordó el tema de la circuncisión, por ejemplo Romanos 2.25-29 como caso ilustrativo). Por supuesto, en la misma línea va la característica postura cristiana y evangélica frente al «séptimo día», como «Día de reposo» (marca indeleble de la fe judía), en contraste con el «primer día» de la semana como «Día del Señor» (marca indeleble de la fe cristiana y evangélica).

En tercer lugar, cuando de manera deliberada, sin pesar y con orgullo sustituye la función de la «Toráh» por la de Jesucristo, a quien, según la perspectiva estrictamente cristiana, apuntaba la «Toráh» (Romanos 10.4; Gálatas 3.24-25; Juan 1.1-3, 17).  

En todo caso y, para ser consistente, no puedo ni debo dejar de lado una influencia innegable del vocabulario judío, aunque vía la corriente judío mesiánica, en el vocabulario de muchos líderes y comunidades cristianas y evangélicas que, sin duda y, curiosamente, tienen diferencias radicales con el pensamiento judiomesiánico. En este punto, hago referencia específica al uso ya habitual y recurrente de la frase o expresión «El Eterno», en lugar, en sustitución de la palabra «Dios», en frases o expresiones tales como “Dios te bendiga”, “Dios esté contigo”, “Dios te siga usando”, “Gracias a Dios”, etc.

Ahora bien, lo cierto es que en realidad la expresión «El Eterno», es, por un lado, una forma de hacer referencia a «YHVH», evitando la cuestión de su pronunciación supuestamente original, y enfatizando su carácter de “nombre sagrado”, así como con el empleo de la expresión «Hashém», tanto en el vocabulario teológico, judío, como incluso en traducciones del Tanaj hecha por eruditos judíos, como por ejemplo, «La Biblia Hebreo–Español» (dos volúmenes), de Moisés Katznelson.

En suma, la expresión «El Eterno» tiene un fuerte e indiscutible trasfondo en la Biblia Hebrea y en el vocabulario teológico judío, no así en el Nuevo Testamento y en vocabulario teológico cristiano, donde de manera estricta sólo un texto del Nuevo Testamento refleja ese trasfondo hebreo, a saber, Romanos  16.26. De todos modos, la expresión o frase «El Eterno», tiene el ADN de la tradición textual y teológica judía, y no propiamente de la fe cristiana, como lo demuestra el Nuevo Testamento mismo, así de sencillo. 



viernes, 16 de febrero de 2018

«Rahab», ¿«ramera» o «mesonera» (hostelera)?


Un análisis crítico y exegético de su descripción en la Biblia

Héctor B. Olea C.

Si bien la descripción de Rahab como una ramera o prostituta ha sido la indiscutible imagen que nos ha llegado por medio de los textos bíblicos; no obstante, han surgido algunas voces que sugieren que en realidad Rahab no fue una prostituta, sino más bien una mesonera, la dueña o la persona responsable de un mesón, un lugar que ofrecía alojamiento, una especie de hotel.

Ahora bien, la pregunta es si la terminología usada en la Biblia para describir a Rahab permite la conclusión de que ésta era efectivamente una mesonera u hostelera y no una prostituta o ramera.

La otra pregunta es si los argumentos empleados por los defensores de la hipótesis de que Rahab era más bien una mesonera tienen la debida fortaleza, la fortaleza probatoria que algunas personas le atribuyen.

En consecuencia, lo primero que voy a hacer es establecer con rigor la conclusión a la que apunta la terminología que se usa en la Biblia para describir a Rahab, y en un segundo momento igualmente y con el mismo rigor, analizar el principal argumento usado por la corriente que trata de imponer la idea de que Rahab era más bien una mesonera u hostelera.  

El nombre Rahab (según La Reina Valera 1960, RV), pero Rajab en La Biblia de Jerusalén (BJ)

Una transliteración fonética del nombre hebreo para Rahab o Rajab es «Rajáv» Esta morfología se explica en virtud de que la letra «bet» hebrea, consonante con que termina el nombre en cuestión, carece de un punto «daguesh» («dagues lene o suave») que obliga a asumir dicha consonante con el valor de la «v».

Por otro lado, es preferible la transliteración «Rajab» de la BJ a la de la RV («Rahab») , en virtud de que la «hache» (h) en castellano por lo general es muda o silente (como en hueso, huevo, hierba, hielo), mientras que la «jet» hebrea no lo es.  

En cuanto al significado del nombre «Rajáv», podríamos decir que parece estar relacionado con el verbo «rajáv» (con las vocales «qámes» y «patáh»), que significa ensanchar, abrir, agrandar, dar espacio, abrir espacio («Diccionario Bíblico Hebreo-Español» de Luís Alonso Schokel).

Consecuentemente también parece tener relación con «rajáv» (sólo con «qámes»), adjetivo que significa: ancho, grueso, dilatado, extenso, espacioso («Diccionario Bíblico Hebreo-Español» de Luís Alonso Schokel). Y con el sustantivo «rajáv» (sólo con «patáh») que significa: anchura, ancho, extensión (Obra citada de Schokel).

En suma, en hebreo, el nombre Rahab o Rajab es «Rajáv». Pero en la Septuaginta, el nombre es «Rhaab».

En el nuevo Testamento Griego el nombre «Rajáv» tiene dos formas. En Mateo 1.5 se emplea la forma «Rhajáb», pero  «Rhaáb» en Hebreos 11.31 y Jacobo (Santiago) 2.25.

Las palabras con que se describe a «Rajáv» en la Biblia Hebrea (Tanaj) y en la Septuaginta

«Rajáv» se menciona en la Biblia en once ocasiones. De estas once ocasiones, sólo en cinco se la identifica como “ramera” (tres veces en el AT o Tanaj, y dos veces en el NT), no así en seis ocasiones (cinco en el AT, o Tanaj, y una en el NT). 

Los cinco textos donde se la identifica como “ramera”, son: Josué 2.1; 6.17, 25; Hebreos 11.31; Jacobo (Santiago) 2.25.

Los seis textos donde se la menciona sin identificarla como “ramera” (sin negar que lo fuera), son: Josué  2.3; 6.23; Salmo 87.4; 89.10; Isaías 51.9; Mateo 1.5.

Ahora bien, de los cinco textos en que se identifica a «Rajáv» como “ramera”, sólo en cuatro se la identifica con la expresión “Rajáv la ramera”; mientras que en una ocasión solamente se dice “una ramera” (Josué 2.1).

Por otro lado, de la tres veces en que en el AT o Tanaj se hace referencia a «Rajáv» como “ramera”, en dos ocasiones (Josué 6.17 y 25) se empleó la expresión «Rajáv ha-zonáh», y en la única ocasión en que sólo se dijo “una ramera”, (en casa de una ramera, Josué 2.1), el texto hebreo empleó la palabra «zonáh», sin el artículo definido

En el primer caso, la frase hebrea «Rajáv ha-zonáh» fue traducida por la Septuaginta con la frase «Raab ten pórnen». Y en el segundo caso, la palabra hebrea «zonáh» fue traducida por la Septuaginta con la frase «gunaikós pórnes».

La palabra con que se describe a «Rajáv» en el Nuevo Testamento Griego 

En relación al Nuevo Testamento Griego, hay que decir que en las dos ocasiones en que se idéntica a «Rajáv» como “ramera” (Hebreos 11.31 y Jacobo 2.25), el texto griego empleó la frase «Rhaáb je pórne».

Explicación de la palabra hebrea «zonáh»

La palabra hebrea «zonáh» en realidad es el participio activo, de género femenino, con valor de adjetivo (prostituta, ramera), del verbo hebreo «zanáh», que tiene como significado básico: prostituirse, ejercer la prostitución. 

También relacionadas y derivadas del verbo hebreo «zanáh», son las palabras o sustantivos «zenúth» y «zenuním»), dos sinónimos que significan básicamente: prostitución, ente otros sentidos.

Por su parte, la Septuaginta y el Nuevo Testamento emplearon como contraparte de «zenúth» y «zenuním», la palabra «pornéia»: prostitución.

Además, la palabra griega empleada tanto en la Septuaginta como en el Nuevo Testamento Griego, «pórne» (ramera, prostituta), es un sustantivo femenino derivado del verbo griego «pornéuo», que tiene como significado básico: prostituirse, ejercer la prostitución.

Ahora bien, es precio decir que la palabra «ramera» (en singular) se encuentra en 40 ocasiones en toda la Biblia, 32 veces en el Tanaj o Antiguo Testamento en 31 versículos bíblicos, y 8 veces en 8 versículos bíblicos en el Nuevo Testamento, tomando como punto de partida la versión Reina Valera 1960.

De las 32 veces en que se encuentra en el Tanáj o Antiguo Testamento, la palabra «ramera», en 29 ocasiones es la traducción de «zonáh», y en sólo tres ocasiones (Génesis 38.21, 22; Deuteronomio 23.17, 23.18 en el texto hebreo; por cierto, en este último pasaje se habla de la llamada «prostitución sagrada») es la traducción de «quedesháh».

Deriva, pues, «quedesháh» del verbo hebreo «qadásh», que significa separarse o apartarse para, consagrarse a, santificarse. Sin embargo, que «zonáh» y «quedesháh») son sinónimos, lo pone en evidencia Deuteronomio 23.17 (23.18 en el texto hebreo) cuando en el versículo siguiente 23.18 (23.19 en el texto hebreo) se empleó a «zonáh» en lugar de «quedesháh»).

En efecto, una manera de poner de relieve la sinonimia que existe entre «zonáh» y «quedesháh», según se muestra en Deuteronomio 23.17-18 (23.18-19 en el texto hebreo), es citando la traducción de la RV 1960 y poniendo al lado de la traducción «ramera», la palabra hebrea que está detrás de dicha traducción; cito:

«17No haya «ramera» («quedesháh») de entre las hijas de Israel… 18No traerás la paga de una «ramera» («zonáh»)…»

Respecto de las ocho ocasiones en que se encuentra la palabra «ramera» en al Nuevo Testamento, es la traducción de una sola palabra griega «pórne».

Pero en plural, «rameras», dicha palabra se encuentra en 12 ocasiones en toda la Biblia. De estas 12 ocasiones, 8 corresponden al Tanáj o Antiguo Testamento (8 veces en 7 versículos), y 4 veces corresponden al Nuevo Testamento.

De las 8 ocasiones en que según la Reina Valera 1960 aparece la palabra «ramera» en plural («rameras») en el Tanáj o Antiguo Testamento, en realidad en solo cinco (5) ocasiones se encuentra en plural, pues en el texto hebreo se encuentra en singular en Jeremías 5.7 (en plural también en la Septuaginta), y en Miqueas 1.7 (en dos ocasiones). 

Con relación al Nuevo Testamento, las cuatro ocasiones en que se encuentra en plural, «rameras», es la traducción del plural de «pórne».

En conclusión, después de considerar la terminología empleada en la Biblia para describir a «Rajáv», es evidente que no hay lugar a dudas respecto de su condición de «ramera» o «prostituta».

Paso ahora a considerar el principal argumento empleado para tratar de justificar y fundamentar la idea de que «Rajáv» no era una ramera o prostituta, sino una mesonera u hotelera, dueña o persona responsable de un mesón.

El principal argumento, desde el punto de vita lingüístico, por supuesto, consiste en que el Tárgum (versión aramea) del libro de Josué, emplea una expresión en Josué 2.1 que más bien significa mesonera u hotelera, y no prostituta o ramera.

Ahora bien, considerando la traducción del Tárgum de Ezequiel, específicamente la traducción de Ezequiel 23.44, encontramos dos datos interesantes. El primer dato es que en lugar de «ramera», como efectivamente dice el Texto Masorético además de la Septuaginta, el Tárgum de Ezequiel emplea una frase que se traduce «hostelera de burdel». El segundo dato es que el traductor del Tárgum de Ezequiel agrega una nota al pie de página que dice: “Esta expresión (hostelera de burdel) se halla también en el Tárgum de Josué 2.1.

No obstante, en el Tárgum de Ezequiel es evidente que incluso con el empleo de la expresión «hostelera de burdel» se mantiene presente la idea de la infidelidad religiosa (idolatría, el culto idolátrico) o prostitución metafórica de Israel y Samaria.

En todo caso, es preciso poner de relieve que la tendencia que mostró el Tárgum de Josué y el Tárgum de Ezequiel no se mantuvo de manera consiste en la traducción aramea de los libros del Tanáj. Por ejemplo, la expresión que se lee al final de Jeremías 2.10, cito: «debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera», es traducida por el Tárgum de Jeremías: «pero he aquí que en todo cerro elevado y bajo todo árbol frondoso tú dabas culto a los ídolos».

Además, la traducción del Tárgum de Jeremías incluye una nota al pie de página en relación al versículo 20 del capítulo 2, cito: el Texto Masorético emplea el verbo «prostituirse» que el Tárgum suele interpretar en sentido cultico de «idolatría». Sin embargo, en el capítulo 3.3, el Tárgum de Jeremías tradujo de una manera más apegada al Texto Masorético: «pero tú tenías el descaro de una ramera negándote a sentir humillación».  
Por otro lado, no es posible exagerar la evidencia que muestra el Tárgum de Josué, así como el resto de los Targumín en relación a la categorización de «Rajáv»; esto así cuando consideramos y tenemos presente la tendencia a la paráfrasis, o sea, el tipo de traducción interpretativa que representa por lo general la traducción de los Targumín.

Precisamente y, respecto de la naturaleza de los Targumín, puntualiza Julio Trebolle Barrera: “Los Targumín se encuentran a mitad de camino entre lo que es una versión literal y los grandes comentarios midrásicos (comentarios del texto bíblico que lo actualizan y pretenden explicar toda su riqueza y significado más profundo) de la época rabínica” (La Biblia judía y la Biblia cristiana, página 357).

Finalmente, pienso que la corriente interpretativa que procura evitar la descripción de «Rajáv» como una “ramera”, tiende a darle al relato sobre «Rajáv» un carácter de historicidad que no tiene dicho relato.

Consecuentemente, considero pertinente y de lugar, la observación que hace el «Comentario Bíblico San Jerónimo» al comentar a Josué 2.1, cito:

“Las modernas investigaciones arqueológicas no han hallado huella alguna de una ciudad cananea que existiera en el lugar de Jericó con posterioridad a la destruida por los egipcios en torno a 1550, unos tres siglos antes de la llegada de Josué. Es posible que la ciudad permaneciera en ruinas durante los tres primeros siglos de ocupación israelita y que se la asociara en la tradición popular a las conquistas de Josué. Los versículos finales de la historia de Rajab, tal como los encontramos en 6,17.22.23.25, indican que se trata de un relato etiológico creado para explicar la presencia de un poblado cananeo que era conocido como la casa de Rajab y que seguía viviendo en Jericó o en sus cercanías (Noth). El relato establecía una relación entre este grupo y las hazañas de Josué y explicaba que su permanencia en el lugar se debía a que su antepasada Rajab había ayudado a Josué en la conquista de Jericó”.

Con relación a la presencia de «Rajáv» en la llamada genealogía de Jesús, junto a dos mujeres más que como ella tampoco eran israelitas (Mateo 1.1-6); traigo a colación las palabras del «Comentario al Nuevo Testamento», de la Casa de la Biblia, dirigida por Santiago Guijarro Oporto, cito: “Mateo quiere mostrar a su comunidad que los paganos (los no judíos) tienen un lugar en los planes de Dios. También quiere mostrar que el misterioso nacimiento de Jesús a través de María tiene su lógica en la historia de la salvación” (volumen III, página 36).

También me parecen muy valiosas al respecto las palabras de Raymond E. Brown: “…Es plausible que exista un factor común entre las cuatro mujeres del Antiguo Testamento ahí mencionadas (Tamar, Rajab, Rut y la mujer de Uría, Betsabé), quizás una preparación para la experiencia comunitaria cristiana y/o para María. Las tres primeras mujeres no eran israelitas, y la cuarta no estaba casada con un israelita. Este factor de los antecedentes del mesías ¿prepara la aceptación por parte de los no judíos de la proclamación de éste, e igualmente de la comunidad mateana, compuesta de una mezcla de judíos y gentiles?

Los pasos previos de las uniones de matrimoniales de esas cuatro mujeres mencionados en la genealogía son irregulares, como vemos en Génesis 38, Josué 2, Rut 3 y 2 Samuel 11. Sin embargo, esas mujeres fueron los instrumentos de Dios para continuar la línea mesiánica. ¿Es esto una preparación para lo inusual de la concepción de Jesús por María y su unión con José?” («Introducción al Nuevo Testamento», volumen I, páginas 251-252).

En conclusión, sin perder de vista la naturaleza del relato que menciona a «Rajáv», ésta es mencionada y descrita en la Biblia (Tanáj y NT), sin duda alguna, como una “ramera”, como una “prostituta”, sin crítica alguna, pero sí con muchos elogios; por supuesto, sin negar la sospecha que pesa sobre ella de ser, o al menos haber actuado como una traidora (desleal y mentirosa) respecto de su propio pueblo, en perjuicio del mismo. Por otro lado, hay quienes sugieren que en realidad «Rajáv» era una prostituta que ejercía la llamada prostitución sagrada, o prostitución cultual y sacerdotal.

Sin embargo, en realidad no podemos estar demasiado seguros de esta afirmación en virtud de que en el contexto de Deuteronomio 23.17-18 (23.18-19 en el texto hebreo) se usan indistintamente «quedesháh», palabra asumida como término técnico para hacer referencia a una mujer que ejercía la prostitución sagrada) y «zonáh», término usado para hacer referencia a la prostitución en sentido general, en sentido propio, literal, y en sentido figurado o metafórico).   


¡Hasta la próxima!